No, no te estás muriendo: Guía de emergencia para Ataques de Pánico

Si has llegado a este artículo porque tu corazón late a mil por hora, sientes que te falta el aire o tienes un miedo inminente a morir o volverte loco, quiero decirte lo primero y más importante: Estás a salvo. Lo que estás experimentando es aterrador, posiblemente la sensación más fea que has vivido, pero fisiológicamente no es peligroso. No es un infarto, ni un derrame, ni el fin. Es un ataque de pánico.

Imagina que tu cerebro tiene una alarma de incendios muy sensible. Un ataque de pánico es simplemente esa alarma sonando a todo volumen porque detectó humo de una tostada quemada, no porque la casa se esté quemando. Tu amígdala (el centro del miedo) ha pulsado el «Botón de Pánico» por error, inundando tu cuerpo de adrenalina para luchar contra un peligro que no existe. Es una respuesta correcta ante el estímulo incorrecto.

Entender la biología te dará control. Ese dolor en el pecho no es cardiaco, es tensión muscular intercostal por prepararte para «pelear». El hormigueo en las manos y el mareo no son un ictus, son producto de la hiperventilación (tienes demasiado oxígeno en sangre porque respiras muy rápido). Tu cuerpo está funcionando demasiado bien; se está preparando para correr un maratón de supervivencia, solo que tú estás sentado en el sofá.

El problema real no es la adrenalina, sino tu interpretación de ella. En Terapia Cognitivo Conductual (TCC) llamamos a esto «Interpretación Catastrófica». Sientes un latido extraño – piensas «¿Y si me da algo?» – el miedo sube – el corazón late más rápido – confirmas «¡Me está dando algo!». Es un pez que se muerde la cola. Romper este ciclo requiere cambiar el pensamiento, no el latido.

Para hackear tu sistema nervioso y decirle «falsa alarma», necesitamos activar el nervio vago. No respires hondo (eso a veces marea más), respira lento. Prueba esto ahora: Inhala por la nariz contando hasta 4. Retén el aire contando hasta 7. Exhala por la boca muy despacio (como soplando una vela) contando hasta 8. Repítelo 4 veces. Al alargar la exhalación, obligas físicamente a tu cuerpo a frenar.

Cuando tu mente viaja al futuro catastrófico («¿Qué pasa si me desmayo aquí?»), tráela de vuelta al presente sensorial. Usa la regla del 5-4-3-2-1: Busca a tu alrededor 5 cosas que puedas ver, 4 que puedas tocar (siente la textura de tu ropa), 3 que puedas oír, 2 que puedas oler y 1 que puedas saborear. Esto desconecta la rumiación y reconecta tu corteza prefrontal.

Aquí viene la parte más difícil pero más efectiva: Deja de luchar. Intentar frenar un ataque de pánico a la fuerza es como intentar apagar fuego con gasolina; la resistencia genera más tensión. Intenta «flotar» sobre la sensación. Dite a ti mismo: «Vale, tengo mucha adrenalina ahora mismo. Es incómodo, pero pasará. Voy a esperar a que baje». Aceptar la ola hace que rompa mucho antes.

Muchas veces los ataques aparecen en momentos de «calma», cuando por fin te relajas después de meses de estrés sostenido (trabajo, familia, mudanzas). Es lo que llamamos «efecto rebote». Tu cuerpo ha estado acumulando tensión silenciosa y, al bajar la guardia, el sistema descarga. No eres débil, simplemente has sido fuerte durante demasiado tiempo sin descanso.

Si esto te ocurre con frecuencia, la solución no es llevar un ansiolítico en el bolsillo como amuleto, sino la Terapia Cognitivo Conductual. En consulta trabajamos la «Exposición Interoceptiva»: perdemos el miedo a las sensaciones físicas provocándolas suavemente en un entorno seguro (ej: respirar rápido a propósito) para que tu cerebro aprenda que no son peligrosas. Cuando pierdes el miedo al síntoma, el pánico desaparece.

Aunque la sensación de muerte inminente es increíblemente real, es vital que entiendas que lo que sientes es una «falsa alarma» del sistema nervioso, no un fallo orgánico terminal. Tu cuerpo es fuerte y está diseñado para metabolizar esta adrenalina y volver al equilibrio (homeostasis) por sí solo en unos minutos. El objetivo de la terapia no es que nunca más sientas ansiedad, sino que cuando aparezca, sepas que es solo ruido, no peligro. Si sientes que estas alarmas están controlando tu vida, estoy aquí para enseñarte a desactivarlas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *